jueves, octubre 09, 2008

“ARO DE MADERA”: EL LENGUAJE Y SU ENTROPÍA POÉTICA.


POR: Ricardo Musse Carrasco

En la poesía de Luis Gil hay un desquiciamiento semántico donde, vaciadas de cordura significativa, las palabras se conjugan des-estructurándose (reconstruye lo que en nosotros se encontraba disperso) dentro de sus veraces absurdidades.

La realidad cuando surgió intempestivamente en ese inmemorial tiempo de los orígenes se pluralizó dentro de un entramado de dimensiones. Y cada una de ellas, engendrando ya sus propios panoramas, instauró –a la vez- sus propios signos.

Para Luis Gil esas dimensiones –por la obstinada obsolescencia de todo lo existente- continuamente están estallando (como una entropía implacable) y de esos permanentes y disímiles residuos el poeta, traduciéndolos con su inconfundible lingüística, reconstituye sus intuitivos poemas: Los textos albergan signos cuya procedencia es múltiple y que al cohesionarse se reconocen –trasladados en un común lugar discursivo- poseyendo –cada uno de ellos- una común extrañeza semántica:

“HE LLEGADO A TU MOMENTO, CUERPO.
Me has encontrado.
Despierta; el gatillo y la mosca.
Y deja.
Al humo, la ventana

Soy para ti, como un desfile
de escogimientos.
Momentos de oasis y la estirpe solidaria
de otros órganos, piedra;…”.
Pues, las dimensiones –si bien es cierto entre sí están comunicadas- algunas se encuentran abismadas, desprovistas de una solución de continuidad, irremediablemente ensimismadas dentro de sí, irreductiblemente separadas dentro de su hondura leibniziana, como mónadas portadoras –dentro de su hermética esencia- de primordiales lenguajes que sólo una abisal sensibilidad podrá verbalizar humildemente como lo hace Luis Gil.

El lenguaje de Luis Gil nos parece tan incoherente y desvalijado de significación, puesto que responde a una imperiosa necesidad por fraguar una personalísima sintaxis; donde desarticuladas las conexiones, desfigurándose cada vez más los vocablos, dislocándose la temporalidad ficcional, inmiscuyéndose dentro de la perplejidad discursiva lo paradojal, con desdibujados fonemas extraviándose dentro de su propia resonancia esquizoide, fusionándose con automatizadas grafías dentro de un solecismo y de una alteración semántica de los vocablos envejecidos, que han ido acumulando y trasbordando a sus espaldas una carga inmemorial de oxidación histórica; se hace un uso inaudito de las mayúsculas, comas, guiones, paréntesis, puntos seguidos, puntos apartes, puntos suspensivos, puntos finales, dos puntos e interrogaciones; pareciendo el habla –con reiterativos pleonasmos y frases estropeadas- de un enunciador neonato que, a la manera de la pueril y edénica simplicidad del verbo de Trilce, trasunta la imposibilidad del castellano ordinario para expresar una realidad mística y metapoética:

“Quién hace tánta bulla, y ni deja
testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea,
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.” (César Vallejo: I –“Trilce”).

“Nuestro muerto; la costilla que crece en el carro

que se pretende.
(Así se iniciaron los relojes)

Ya no llamará a la muerte-dices
ya no nos llamarás:

Lázaro, no nos fuerces:
Tu ínsula es la más próxima”. (Luis Gil: 5-“Aro de madera”).
De los rasgos retóricos que caracterizan la enunciación poética postmoderna tenemos el fragmentarismo que Luis Gil trasunta y transcribe fielmente en sus piezas poéticas: Una discursiva discontinua que se va plasmando con los pedazos de una realidad explosionada y que proclama -dentro de sus configuraciones formales- veraces absurdidades existenciales:

“Parta adelante, vaya, como la bomba
que da vida a los albedríos.
Gigantes, para que sienta el peso
del amor”.

“Conozco. Sólo uno entre los cabellos
como un obrero y tuerca de nuestras

espaldas.
En su
gota,

Ya está fría. Y esta fe: Así, armemos un pedazo.

Y sabremos”.

Si hablamos de una paternidad estilística –dentro de la tradición piurana- Luis Gil procede de la prosapia de Róger Santiváñez, que distorsionando deliberadamente la sensatez comunicativa del universo poético pone en tela de juicio el papel del poeta como comunicador; aspecto que muy palmariamente grafica en su más reciente trabajo denominado “Labranda” donde cada verso es una construcción densa que va conformando paso a paso una arquitectura de poemas donde densidad y ligereza se entreveran, contraponiendo con acierto y mano segura elementos personales y universales, mediante fuetazos que vibran y sueltan sus ondas y eslabones rumbo a lo astral :

“Corales caracoles estrellas

Invocadas fui llevado a conocer
Su puerto mas no fue Constitución
Sino el Nuevo Puerto de la yerba
Reunida con Jimmy a la volada

Hendrix a todo volumen en la radio
& el auto sometido a redada policial
Que belleza de la mar hirviendo
& todo el movimiento de la Brava…”.

Y un poco más adelante tenemos al poeta Jesús Espinoza Pariatón –miembro conspicuo, durante los noventa, de la Estirpe Generacional “Los Ángeles del Abismo”- que mezcla la respiración rítmica en el organismo textual con construcciones discursivas vertidas de vitales irracionalidades:

“Y en todas ellas encontré
triplificación;
porque la literaturx
como the poyehegetix
unidos van…”.

“Cadapasaytimy,
Mayupatachampy
Risuscusmayuc,
Piñascaihacán,
ins
ans
pans,
pagara,
Junque,
Yunque
Respetado y universal profesor César Vallejo”.

Apareciendo junto a Luis Gil su coetáneo Elton Rivera Ramírez –ganador de los Primeros Juegos Florales “Carlos Augusto Salaverry (Área Poesía) convocados por la Municipalidad Provincial de Sullana y la Coordinadora Nacional de Artistas/ Intelectuales del Perú (2 007)- que semejante a Él tiene un registro que abstrae en extremo, pues aloja dentro de locus sintácticos dispares referentes, el universo verbal:

“Cuerpo sombra,
rostro mundano,
es la saliva del ojo,
que calla cuando grita…

Abismos planos,
trae la lluvia de pelo largo,
es la anemia cromática,
Desnuda.

El sexo etéreo. Afiebra tus huesos iluminados,
por los pechos de la luna.

Y doble tus nalgas en la mitad,
para escribir: Los latidos del papel,
esas líquidas serpientes de alas nostálgicas,
fulgorean fulgorean…

En la ceniza húmeda;
aorta del tiempo,
buscada por cansados colores.

Ápteros.

Mariposa de aire,
la ecuestre sonámbula,
ve disecar su espejo,
en azúcares lagrimas…

Jinetes…jinetes…,
son los celajes,
fruto de la hostia.

Metáfora. Lupanar de musas…

He coagulado silencio,
en estas cuatro palabras.

Olvidó la acara esperanza,
tejer las almas con aterciopelada lujuria,
lujuria ¿Quién te madura?
quemadura ocasiana…

Heme acuario árbol,
cielo embotellado,
ebrio en estrellas espinosas,
vuelve a reír la cuclilla,
entre las hoja que maúllan…”.

En suma; Luis Gil, erigiendo su universo a partir de una unidad argumental: El develamiento progresivo hacia una infinita vinculación metafísica y enunciativa, es una de las voces más osadas aparecidas en esta afligida y autista generación postmoderna.

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