sábado, agosto 08, 2009

Nostalgia náhuatl


Fabián Junior.

Para qué escribirte a estas horas, es tarde, muy tarde; escucho Talk show de Pedro Suárez Vértiz, me inmerso y navego en la historia de aquella jovencita que apostó todo por un muchacho de su edad, pero que, por cuestiones del destino, terminan separados y por caminos totalmente distintos, por zonas que estaban distantes de todo lo que en algún momento había sido suyo y que ahora y siempre, con su eterno jamás, ya no sería de ellos ni de sus ciudades. Ya no volverían a levantarlas después de la guerra, ahora cada uno había emigrado a otras zonas del mundo interior. Es difícil contar la vida, no hay como empezar, pero una huella en el alma es un buen punto de partida, una voz que ya no escuchas, una voz que ya se fue, poetiza Pedrito en su clásico, mientras te escribo estas líneas para ti.

Y la hora avanza y yo trato de ordenar mis ideas que me golpean mientras te recuerdo con nostalgia; la jovencita muere y él le canta a su memoria y me vuelve a repetir, y a ti también lector desprevenido: cierren su historia de amor, terminen su libro. Y por qué terminar mi libro, por qué cerrar la historia, si en la nostalgia también se aprende a vivir, yo lo he logrado después de que Xóchitl se marchara. Ahora su sonrisa, sus ojos negros, su piel, su aliento, sus besos ya no me pertenecen, se han marchado para siempre y me he acostumbrado a pensar en jamás: jamás volverás, jamás te volveré a besar, a tocar tu piel, a no olvidarte por esta, otra y sucesivas vidas; ya no pronunciaré tu nombre de flor, y no sentiré en la medianoche tu náhuatl corazón en mi frazada.

Todas las tardes consumo tus palabras en mi boca y encuentro que he aprendido a reconocerte en otras mujeres mientras caminas por una ciudad extraña para mí y mi frazada ya sucia y con humedad; y tú mirarás alguna vitrina y entrarás a un viejo café para que al fondo del salón, que a esta hora ya está a rebotar, encuentres una pintura con telarañas y en ella observarás un parquecito de papelillo y una viejo monumento, en él está sentada una pareja, él le dice que los veranos se retrasarán y ella lo mirará con sus ojos negros, y en un bar de aquel parquecito óleo se deja filtrar ésta tu canción; ella le dice algo, él no la quiere escuchar, ella corre, él la ve bajar los peldaños y perderse en la ciudad mientras cae una lluvia suave; él, ella, y tu náhuatl corazón.

3 comentarios:

Julio Carmona dijo...

Leo al comienzo de este texto: "me inmerso y navego en la historia", como si existiera el verbo "inmersar", y en castellano sólo existe "inmerso" como adjetivo que viene del sustantivo "inmersión". Un maestro de las recomendaciones (de quien soy discípulo, a mucha honra): Víctor Mazzi, me dijo: "Evita los neologismos. Si los grandes se lo permiten poco; los pequeños debemos hacerlo menos, con mayor razón".

Fabián Bruno dijo...

Excelente recomendacion Maestro; a tomar en cuenta sus recomendaciones. Grato comentario, Saludos...

Fabián Bruno dijo...

y dale con las repeticiones, lapsus, lapsus, palabras, palabras...