jueves, junio 30, 2011

Orígenes del rock subterráneo del Perú


Testimonio de Roger Santiváñez

ESTA HISTORIA comienza en Lima a principios del verano de 1985. Son alrededor de las tres de la tarde cuando llego en mi datsun stanza a la jato de los hermanos Ricardo y Raúl Montañez en el Rímac. Todo está listo para irnos a un concierto que se realizaría en Ancón. Invitados por la Municipalidad, estaban programadas –entre otras bandas- Kilowatt & la Kola Rok, Zcuela Cerrada y Excomulgados.  Edgar Barraza, Kilowatt –a quien yo había conocido hacia 1982 en los días formativos del Movimiento kloaka- estaba esperando en “La Piedra” junto a la casa de los Montaña, con quienes lo unía una antigua amistad de barrio (todos ellos eran del rico Rímac) cimentada en largos años –prácticamente desde la niñez- de pasión radical por el rock and roll. Nos metimos todos en el auto y arrancamos hacia la Panamericana Norte. De pronto y ante la sorpresa general, Ricardo Montañez pone un cassette en el tocacintas. Y la bomba estalló en nuestros corazones: era la maqueta demo de Narcósis que acababa de salir. Increíblemente esta Primera Dósis –como después fue bautizada la obra- nos rompió el cerebro y nos dio en la yema del gusto: ésta era la música que estábamos aguardando.
PERO YA la subversión estaba en marcha desde –por lo menos- Julio de 1983 cuando se forma el trío original –Daniel F, Leo Escoria y Kimba Vilis- de Leusemia la banda que originó el rock subterráneo del Perú. En efecto y gracias a una invitación de Kilowatt asistí a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima –noviembre 1983- a un concierto donde tocaría Leusemia, cosa que no llegó a suceder, al parecer debido a la agresiva pinta punk de la banda, que habría asustado a los organizadores. Aquella noche fue mi primer contacto con los tres leusémicos. Poco después, en mayo de 1984 se produce el concierto de la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores, luego del cual se integra a Leuzemia la primera guitarra de Raúl Montañez, quedando así diseñada la formación clásica del grupo. En la segunda mitad de aquel memorable 1984, Lima quedó notificada de la existencia de una nueva banda Narcósis a través de sus tocadas en la discoteca Carnaby del pasaje Los Pinos en Miraflores. Ambas agrupaciones –más el conjunto de rock-fusión Delpueblo, aunque en dos fechas diferentes- protagonizaron los conciertos ‘Ataca Lima’ organizados por Alfredo Rossell y Franklyn Jáuregui –a la sazón editores de la revista Ave Rok- en La Taberna junto al restaurant La Palizada en la Av. Del Ejército, Santa Cruz, Miraflores. Los afiches del evento fueron creación de Leo Escoria, quien colocó junto a ‘Ataca Lima’ la mágica frase ‘Rock Subterráneo’, cuyo impacto desataría la fiebre del nuevo rock peruano a partir de ese instante. Corrían entonces los días finales de noviembre de 1984.
DE MODO que la aparición de la maqueta de Narcósis –Fernando Cachorro Vial, Wicho García Hildebrandt y Pelo Parado Madueño- vino a configurar la primera obra compacta y estructurada, en los tiempos originales de la movida subte de Lima. Funcionó –sin duda- como un extraordinario catalizador para la producción de las nuevas bandas que ya estaban en las calles, principalmente Zcuela Cerrada, liderada por Edwin Nuñez, Guerrilla Urbana de José Eduardo Matute y Autopsia fundada por Silvio Ferrogiaro, Espátula Venérea, Gonzalo Púa Farfán y Guillermo Figueroa. Fue así como –colectivamente- nació la idea de grabar una maqueta demo con estas tres bandas, más Leuzemia –en primer lugar por supuesto- debido a su rol fundador en toda la movida. Ese fue el histórico cassette denominado ‘Volúmen 1’ -grabado en el estudio de Yeral Paz-  salido a la luz en el invierno de 1985.
LUEGO vendría el disco long-play de Leuzemia editado por El Virrey, donde me cupo ser el enlace entre la banda y el Gerente de la disquera Wieland Kafka, a quien yo conocía por mi trabajo periodístico en el semanario OIGA.  Le hablé a Kafka del grupo y él me respondió diciéndome ah, esos son los que escupen al público (había sabido del especial televisivo de Delia Ackerman en canal 9 de Lima y su escándalo consiguiente) pero yo –dándole por su lado de empresario- le contesté: bueno, tú sabes que lo prohibido vende, ¿no? Kafka se hizo el loco y al final –en la puerta de su oficina- me dijo: A ver, tráeme un demo de tus patas.  Reuní a los cuatro leusémicos en el jardín interior de mi jato en Villacampa y ellos –por unanimidad- decidieron pasarme el demo. Para la primera sesión de grabación yo mismo los llevé en mi auto y finalmente el disco salió en diciembre de 1985.
YA PARA el verano de 1986, el rock subterráneo era un fenómeno en vías de masificación. Muchas bandas brotaron a lo largo y lo ancho de la gran Lima e incluso de provincias. La prueba más contundente fue la edición del llamado Volúmen 2 con la participación de 13 grupos: Yndeseables, Flema, Pánico, Eructo Maldonado, SDM, Eutanasia, Conflicto social, Delirios Krónicos, Exodo, Radicales, Frente Negro y Excomulgados. Esta fue la primera gran floración subte, después de las cinco bandas fundadoras. Pronto surgirían Psicósis, Luxuria, Kaos, Juventud La Caigua, Salón Dada, Argot, La Resistencia, Escombro, Se busca, Feudales, Sinkura, Cardenales, TBC, María T-ta y Empujón Brutal. Y un largo etcétera.  Incluso en el invierno de 1986 nuevas bandas –como Voz Propia, por ejemplo- se reclamaban pertenecientes a una línea específica –dentro de la Movida- autodenominándose post-subterráneos o suburbanos. Hacia 1987-88 aparecen más conjuntos: Sor Obscena, La banda del Kadalzo, Crimentales, Virgen Sideral, Derrame Cerebral, Lima 13 –hasta donde esta memoria alcanza- y así culminó la década de 1980.
El rock subterráneo fue la expresión más pura del descontento que abrasaba el corazón de miles de jóvenes en el Perú de los 80s. Atrapados entre la guerra popular del Partido Comunista-Sendero Luminoso y la guerra sucia del Ejército; aquella fue una generación desolada, crecida al ritmo de la violencia cotidiana, cuya sensibilidad fluyó a través de un rock and roll directo, fuerte, consciente de lo que sucedía a su alrededor. Herederos del punk internacional los subtes de Lima crearon su propio canto de rebeldía contra un orden con el que no estaban de acuerdo. Sus líricas expresan frustración y rabia, pero también la secreta esperanza de la posibilidad de una sociedad mejor, más justa y auténticamente democrática. Varios de estos muchachos cayeron en la brega, algunos al plegarse a la lucha armada como Alfredo Távara Reátegui –de Seres Van- y  aquel joven transparente conocido por Beni Gil. Otros sucumbieron en la marginalidad como Saúl Cabrera, el Omiso, subte de la primera hora o el caso de Edwin Zcuela –líder de Zcuela Crrada- acosado por la falta de medios para un tratamiento clínico adecuado. Porque el Perú es muchas veces injusto e insensible con sus mejores mentes. Edwin Zcuela fue un joven brillante y visionario, que tuvo que terminar sus días, prácticamente, abandonado en un hospital, sin recursos.  A su modo, por su orgullosa resistencia frente al sistema hasta el final, fue un héroe del rock subterráneo. Por eso hemos querido terminar esta nota rindiéndole un nítido homenaje. Hasta la victoria siempre, Edwin.
[Roger Santiváñez. Collingswood, New Jersey, junto al  río Cooper].

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