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lunes, mayo 04, 2015

PEQUEÑA MUESTRA DE FAUNARIO GENERAL



Cosme Saavedra


Lagartija Sol

REPTIL DE OBLONGO LINAJE. El desierto escarcha la escafandra de la vida. Pone huevos frágiles en los montículos del abandono. No es una rama dorada que se arrastra bajo el sol, simplemente corre y se enfrenta a la hostilidad del verano. Garras enhiestas, cabeza de lanza y la lengua siempre bípeda, musical, como una lámpara en un océano terroso. Bruja bella que vuela en los escombros arrastrando la cola cenital. Siempre verde, anaranjada, pétrea. No se desnuda como serpiente si tiene buenos brazos para hacerlo con estilo, las escamas corren como un río de esmeraldas. Larga, tan larga y extrema al sol, no es una simple baratija de los arenales. Es un dinosaurio desquiciado. Se avienta de los árboles, corre a través de las cuevas. Quiere acabar con la camisa de fuerza que no la deja hacerse dueña del mundo. No es una larga escalera imbricada de gruñidos. Es una aborigen que construye su palacio de arcilla en el corazón del estío.


Chununa Apu

SIRENA DE AGUA DULCE, así con tu cabello blondo, con tus poderes mágicos, hundiéndote en los puquios, en las altas desolaciones. Maternal, adoptando animales desamparados. Bello ser que teje su tristeza con las algas y el fitoplancton de las bocanas nocturnas. Guardiana del tesoro de los gentiles, de los palacios perdidos entre los alisos y los arrayanes. A orillas de los arroyuelos, lava sus cabellos bruñidos repletos de caracolas como cornamentas de nácar. Busca el amor en los ojos de los matorrales, en las cascadas de hielo. Quiere vivir en la luna, se arrastra hasta los árboles y besa las hojas como si fueran las manos de un viejo amor. Ah, Chununa, sirena atrapada en los andenes, eternamente triste, bella como una princesa antigua disputada por los quechuas, que prefirió hacerse pez que traicionar su linaje púrpura. Hermosa criatura tallán que juega con las almas del limbo, hermana de la lluvia y de las estrellas fugaces que caen en el corazón de la neblina.

lunes, abril 27, 2015

EL DILUVIO DE ROSAURA ALBINA

Portada de la novela

Ricardo Ayllón

Si hiciéramos un rápido cálculo cronológico, podríamos decir que Fernando Cueto (Chimbote, 1964) se inició tarde en la literatura; su primer libro, el poemario “Labra palabra”, apareció en 1999, cuando el escritor frisaba ya los 35 años, edad que resulta en apariencia extemporánea para comenzar a publicar. Pero afirmamos con justicia que lo es en apariencia, pues a la hora de aquilatar su obra no hay duda de que Cueto hizo bien en esperar, y que los inicios literarios no requieren de reglas ni cuantificaciones.

Luego de ese primer libro, su trayectoria no ha podido ir mejor: en 2001 publica el poemario “Raro oficio”, pero es en la narrativa donde revela mejores aptitudes artísticas; luego de dos buenas novelas inaugurales, “Lancha varada” (2005) y “Llora corazón” (2006), obtiene el segundo lugar en el Concurso de Novela Política Premio Pasacalle con “Días de fuego” (2008), y gana contundencia cuando en el 2011 triunfa en la Bienal de Novela Premio Copé con “Ese camino existe”, publicada un año después. 

Luego de la breve “Los Chuchan Boys” (2012), su más reciente libro es la voluminosa novela “El diluvio de Rosaura Albina” (Santuario – Municipalidad de Nuevo Chimbote, 2014) que, según nuestra apuesta, es su más lograda arquitectura narrativa. Quizá algunos estén en desacuerdo con lo dicho debido a que el contenido resulta ‘menos serio’ respecto de la ‘importancia’ de un tema político como el tratado en “Ese camino existe”; pero es imposible negar que el vuelo técnico y el resultado artístico son realmente superiores.

Lo afirmamos porque lo primero que resulta difícil en un proyecto de tan ambicioso volumen (597 páginas) es mantener en vilo al lector, y el tratamiento de esta historia definitivamente lo logra. Además de resultar llamativo y provocador con el tema planteado, el manejo es de una destreza tal que uno avanza con gusto en los entresijos de las vidas de sus personajes. Junto a ello, es admirable la pertinencia de la riqueza verbal, el léxico y los nombres sonoros, la adjetivación constante y audaz, las imágenes ocurrentes y la preferencia por la hipérbole, aquella figura literaria que permite alcanzar mejores efectos cuando (como aquí) es correctamente usada.

No pocas de estas características son particularidades estilísticas del realismo mágico (forma de escritura en la cual se ha insistido en contextualizar a la novela), pero si insistiéramos en ubicar el libro en ese parámetro, seríamos injustos pues olvidamos que su propuesta trae la novedad de un lenguaje más fresco y actual, permitiendo que nos compenetremos con el contenido como si nos estuvieran narrando (oralmente) la historia e invisibilizando al escritor, arte difícil de alcanzar. Para ello el autor ha hecho gala de todas las armas técnicas posibles: frecuentes mudas espaciales y temporales, saltos cualitativos, subtramas de apoyo, etc., práctica que ya había mostrado en “Días de fuego” y que aquí ofrece con mayor sutileza.

La protagonista de la historia es Remedios Beteta Coralillo, una muchacha que –perdidamente enamorada– huye de su casa a los 15 años y asume su condición de prostituta con valentía, en una correntada de tropiezos y logros que le permiten madurar y aceptar con orgullo sus designios; sucesos estos que forman parte de un contexto mucho mayor, el de la actividad de prostitutas de talla mayor (Rosaura Albina, la Huaracina; Altisidora Bustillos, la Española; Gioconda Espejo, la Jorobada; Magnolia Aparecida, la Cubana), madamas fundadoras de los primeros burdeles de Chimbote, cuyas enlazadas existencias ocasionan un verdadero ‘diluvio’, arrastrando consigo las intensas vidas de esos magníficos antagonistas que son el doctor Serafín Beteta y Angustia Remolinos, y de aquellos entrañables personajes secundarios como la Paloma, la Sabihonda o la Koki. Con tan inquietante argumento y ese mítico paisaje chimbotano salido del estupendo pulso de Cueto, “El diluvio de Rosaura Albina” quedará en el escaparate de lo mejor de la narrativa nacional. 

domingo, junio 01, 2014

Con Javier Heraud entre los ríos

Portada del libro

Henry Córdova Bran

En un país como el Perú, cargado de desigualdades, injusticias y viejos vicios entre su clase política y su medio social, la presencia del eternamente joven Javier Heraud sigue latente. Quizás por eso la reciente publicación del Libro “Entre los Ríos Javier Heraud (1942-1963)”, escrito por su hermana Cecilia, sea una ocasión para el reencuentro con el poeta.

El miércoles 23 de abril se presentó este libro en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú. El auditorio del piso cinco estaba abarrotado muchos minutos antes del inicio. No era para menos, el libro que se presentaba constituye un documento de primera mano para quienes están interesados por acercarse al nervio más íntimo del poeta guerrillero que un 15 de mayo de 1963, cuando contaba con apenas 21 años, fue asesinado en medio de las aguas del río Madre de Dios.

En los minutos previos a la presentación, se percibía en la sala un ambiente de especial añoranza, parecía como si cada asistente tratara de vivir a su modo y en modo colectivo a la vez su relación con Javier Heraud. Entre los jóvenes, que a pesar de no haberlo conocido lo hemos leído con fervor de militante, siempre nos mereció el fraterno afecto, la admiración y el respeto. Estando allí recordé los versos de Manuel Scorza en un poema dedicado a César Calvo “El Che llevaba en su mochila acribillados versos de León Felipe/ y Javier Heraud llevaba una carta tuya en su chaqueta./ El impiadoso río Madre de Dios arrastró su cuerpo,/ tu cuerpo, mi cuerpo, nuestra acribillada juventud, todo./ Pero la vida fluye más rápido que el río Madre de Dios…”. Y la velada del 23 de abril parecía demostrar esto precisamente, que la vida fluye más rápido que el río Madre de Dios, que 51 años después Javier se sentaba entre nosotros de la mano de su hermana Cecilia.

“Entre los ríos”

Cecilia Heraud Pérez tenía 20 años cuando supo que su hermano había muerto en la selva peruana. Desde entonces vio como su padre, Jorge Heraud Cricet, se dedicó a mantener viva la imagen de Javier, empezando por aquella emotiva carta que escribió al diario La Prensa en la que afirmó enfáticamente que “para nuestra familia, sin distingos, nuestro Javier es el símbolo de la pureza y del sacrificio”. Al morir su padre, cuenta Cecilia en el prólogo del libro, la tarea de continuar con esa tarea le quedó encomendada.

El primer comentario sobre el libro estuvo a cargo del escritor Jorge Eslava, quien empezó confesando el temor que sintió al ser invitado a presentar este libro “vacilé por temor a quebrarme”, luego contó que el año 1978 visitó el cementerio en Puerto Maldonado donde todavía descansaban los restos de Javier Heraud y que en ese viaje tuvo un pequeño accidente de moto que le dejó una cicatriz que lleva hasta ahora. Eslava afirma sentirse muy próximo a Javier, no sólo por vivir cerca a la casa en que el poeta vivió en Miraflores y recorrer las calles que él recorría cuando niño y adolescente, sino también por haber conocido a la familia de Javier, amigos, maestros y porque recuerda el día en que vio a su padre consternarse con la noticia de que un joven poeta había sido asesinado en aquel lejano mayo de 1963.

Eslava comenta que a veces es difícil entender porqué Javier Heraud abrazó la causa de la lucha guerrillera. Si se afirma que toda lucha es violenta y la violencia es mala y por tanto una revolución violenta puede ser contraria a la búsqueda de la paz en la sociedad. Eslava afirma que en la respuesta a esa cuestión radica la razón para entender al Javier Heraud guerrillero y revolucionario “la revolución no crea la violencia, la violencia está en el mundo, abrimos un libro de historia y reconocemos un mundo violento a causa de las desigualdades y las injusticias”.

El escritor que en el año 1980 ganó el premio poeta joven del Perú y el premio Javier Heraud finaliza su intervención diciendo que “la trascendencia de su acto radica entre lo poético y valiente, fue el fuego incandescente de toda su generación”.

El otro invitado de Cecilia para comentar el libro es el psicoanalista Eduardo Montagne, quien nos invita a preguntarnos ¿cuál fue la trayectoria interna emocional de un joven que a los 16 años ingresa a la universidad y a los 21 muere abaleado como miembro de una guerrilla en la selva? Montagne se remite a la carta que Heraud escribe a su madre y deja en Cuba encargada con la instrucción de que la hagan llegar a su madre en caso él muriera “yo hubiera querido vivir para agradecerte todo lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, tú me criaste honrado, justo, amante de la verdad de la justicia”. Montagne nos dice que hay que recordar que en la generación de Javier “se vivía una militancia casi mística y Javier vivió eso de manera muy personal”. En un rápido análisis de algunos de sus poemas y cartas, concluye que “en el joven Javier confluyen un impulso inmenso de deseos de vivir y a la vez un impulso grande que lo acerca a la muerte”

Cuando Cecilia Heraud, hermana del poeta, toma la palabra hace una pausa para contener la emoción. Nos dice que este libro surgió como una necesidad, primero de enterrar nuevamente a su hermano cuya presencia ha estado muy presente en ella y su familia durante todos estos años, casi como si siguiera con vida; en segundo lugar, la necesidad de dar respuesta a muchos jóvenes que siempre buscaban a su padre primero y a ella después para conocer más sobre la vida de Javier.

Entre los Ríos es un libro que bien vale la pena leerse. Concentra en él un mundo íntimo del poeta al que no siempre se tiene acceso y que complementa otras ediciones que ya nutren los estudios y biografías sobre Javier.

Antes de finalizar, Cecilia nos tiene reservada una sorpresa. Presenta un audio que su hermano grabó en una vieja grabadora en los lejanos inicios de los años 60. Se trata de una entrevista que Mario Vargas Llosa le hace a Javier Heraud en París. Los dos jóvenes escritores de aquellos años hablan sobre literatura peruana contemporánea y finalmente a pedido de Vargas Llosa lee el poema “Mi Casa Muerta” la voz potente de Javier Heraud, que escucho por primera vez, inunda la sala y todos entonces nos empezamos a sentir entre ríos, árboles y pájaros.     

viernes, noviembre 15, 2013

PRESENTACIÓN DE BITÁCORA PÚRPURA Y CIUDAD ACUARELA

Afiche de evento

Escritores piuranos presentan publicaciones que fueron parte del programa de la 34 Feria del Libro Ricardo Palma. Evento cultural se llevará a cabo este viernes 15, a las 7.00 p.m. en la sala Cossío del Pomar de la Pinacoteca Municipal de Piura. 


José Lalupú y Fabián Bruno, además de la literatura comparten la labor de la docencia universitaria. Ambos han publicado en revistas literarias como Café de Artistas, Aula 34, y Sietevientos. Ciudad Acuarela es la primera publicación de narrativa de José Lalupú, pues anteriormente ha publicado un libro de Haikus y La Apuesta, un comic basado en la leyenda de Froilán Alama de Carlos Espinoza León. 

José Lalupú, actualmente es director del sello Lengash Editores, que difunde la literatura local. Por su parte, Fabián Bruno, nos entrega Bitácora Púrpura, selección de narrativa que reúne texto de 12 escritores piuranos que destacaron con su producción literaria en la primera década de este siglo (2000 – 2010)

Los seleccionados en Bitácora Púrpura son: Josué Aguirre, Reynaldo Cruz, Miguel Ángel Hernández, Ángel Hoyos, José Lalupú Valladolid, Víctor H. Palacios Cruz, Cosme Saavedra, José Gabriel Sandoval, Fernando Silva Guerrero, Jorge Tume, Eduardo Valdivia Sanz, y Javier Vílchez Juárez. 

Fabián Bruno, editor del blog de literatura y cultura contemporánea Estirpe Púrpura, con la publicación Bitácora Púrpura, delimita su tesis de maestría, el estudio de la denominada generación Estirpe Púrpura, que inicio con la publicación en el 2010, de un libro con el título homónimo del blog. 

La presentación de Bitácora Púrpura y Ciudad Acuarela es posible gracias al apoyo de la Gerencia de Cultura de la Municipalidad Provincial de Piura, Instituto de Cultura de la Universidad Nacional de Piura, Lengash editores y el blog Estirpe Púrpura. 

Ciudad Acuarela y Bitacora Púrpura, han sido publicados por Altazor Editores.

jueves, noviembre 07, 2013

Diluvio, naufragio, des-amor y poesía

Portada del libro

Reynaldo Cruz Zapata

1983, las lluvias torrenciales se convierten en telón de fondo de la historia que nos narra Cosme Saavedra en Deicidio junto a las rosas, publicación editada 11 años después de su concepción. Esperada por más de una década, la novela llega a las manos del lector gracias a Ediciones Altazor, para el disfrute de los entendidos en la literatura, y para marcar indeleblemente una escala más en nuestra narrativa.

Antes de sumergirnos en la novela misma, es preciso recordar que Cosme Saavedra Apón, alquimista de las letras, no es novato en estas vertiginosas lides, su prosa poética ya ha sido reconocida en importantes concursos nacionales como el Concurso de Cuentos Crisol (2002),entre otras distinciones en poesía y narrativa.

En el 2007, su primera publicación “Ya no llovería para Julio”, fragmento de la historia que hoy nos concierne (Deicidio junto a las rosas), nos sedujo con Mariana, adolescente lasciva, terrenal, divina e infernal a la vez. La descripción física de esta nueva Lolita ocasionó espasmos en cada una de las fibras de nuestra existencia misma. Años atrás he anotado que Cosme Saavedra está decidido no solo a consolidarse en la literatura local, sino a guerrear por un espacio en las letras a nivel de país, su talento y perseverancia parecen no desmayar, estoy convencido de que lograra su propósito.

Así como “Ya no llovería para Julio”(2007) y “El curso de la estelas” (2009), son fracciones de esta segunda entrega de una de las novelas que Cosme Saavedra nos tiene reservadas;  Deicidio junto a las rosas (2013), a su vez, es la primera publicación de la trilogía “Historia General de la Ajorca”, cuyos personajes más emblemáticos, la caravanera, Mariana y Sigmund, nos han descubierto sus omnipotentes e impíos secretos.

El diluvio del 83, devastó el norte del país, La Rural (nombre de la calle que habitan los personajes), no escapa a esta condición divina que se encargó de destruir, para de los escombros iniciar una nueva urbe. He aquí que se origina nuestra historia, escribo nuestra historia, porque Cosme Saavedra ha logrado que los lectores disfrutemos de una lectura apasionante, de tal manera que nos apropiemos de los ambientes, personajes y sucesos, y así reconstruirlos en nuestro interior con características propias a nuestra perspectiva.

Nos apropiamos de Deicidio junto a las rosas, porque nos reflejamos en sus personajes, en sus rincones, en los escritos de la caravanera, en la insana búsqueda del pasado, en esa constante tentación del pecado. En este espejo literario, podemos decir que Sigmund, lector empedernido acepta ser víctima voluntaria de esta caótica existencia de seres celestiales abandonos en este valle de las incitaciones. Incitado por la lectura, excitado por Mariana, Sigmund, se convierte de víctima en victimario y viceversa, pero ello no le sirve para nada para justificar sus acciones, muy por el contrario, se resigna a cumplir el rol que se le designa en esta historia de des-amor.
Sigmund, nos conduce por el callejón/avenida de La Rural, por las casas dignas y la casucha de la Caravanera, se sumerge en el pozo de la ajorca, de manera literal y metafórica, está dispuesto a amar, a infringir, a entregarse a los placeres de la existencia y de la no vida, se condena así mismo, antes de acometer con pasión la existencia remota, nos recuerda que somos humanos, que hemos venido a este mundo a equivocarnos y aprender, o asesinar en el intento nuestras ultimas frustraciones. Sigmund es poeta, se indigna ante la sinrazón, ante lo ficticio de este país real, y reconoce como único refugio el cuerpo de Mariana. La piel de Mariana es su morada más perfecta.

Mariana, ninfa vital, niña fatal de esta novela, por su parte nos guía en su descubrimiento de lo prohibido para la moral y las buenas costumbres, nos conduce a los contornos del erotismo, compartiendo sensaciones subterráneas en tiempos de autocensura y de una sociedad aún conservadora. Mariana, es la embarcación de lo furtivo, de lo fugaz y que no puede ser mencionado en las puertas de cualquier iglesia por una muchachita de su edad. He aquí que el navío de Sigmund, aborda a Mariana,  y ambas gabarras se adentran en la mar, en la tormenta de la vida para seducir a la muerte, para encontrar su lado divino.

En el testimonio de Sigmund, Mariana se nos muestra inocente y provocadora a la vez, pero nunca malévola, hay inocencia en los simulacros de la comunión de la carne, del espíritu. Ambos personajes son almas libres, cuya única culpa es la apropiación de un pasado y presente que no les pertenece, por ello la ajorca del capitán Amet, los condenara a la maldición de habitar en el naufragio de sus embarcaciones, mientras tanto la Caravanera en sus escritos de las botellas, intenta acoplarse a su linaje, y afuera en las calles, la ciudad se cae a pedazos, el diluvio arrasa la esperanza, enloda a la gente, escupe su furia, danza con la muerte, se mofa de la inestabilidad de nuestras naves.  


Hallazgos y extravíos en Piura. Cuentos infantiles

Portada del libro

Ricardo Ayllón

Toda muestra de literatura infantil debe tomar como principio la capacidad comprensora del pequeño lector, aquel nivel de lectura que va de la mano de su conocimiento del mundo, el cual se relaciona directamente con el que involucra su contexto más inmediato: su comunidad y su entorno familiar. Sobre esta base, una de las formas más efectivas de ejercitar la lectura es conduciendo al niño hacia espacios donde distinguirá mejor los elementos que lo identifican cultural y socialmente.

Además de los referentes de su edad, la psicología de personajes que muestren sus mismas inquietudes y los hechos relatados, otra manera de animarlo a involucrarse de lleno en la lectura será mediante la cercanía con los escenarios donde estos hechos se desarrollan y la identificación de los personajes de quienes se relata. De aquí la pertinencia de la denominada literatura regional, pues gracias a esta el niño tendrá una versión de primera mano y sabrá atesorar aquella lectura como un mensaje íntimo, como la voz de su comunidad hablando por él y para él. Es esta una de las formas en que los seres humanos –en su condición de entes sociales– consiguen valorarse a sí mismos y valorar el peso de su cultura: encontrando su lugar en el mundo, siendo “parte de” o “representando a”.

En este contexto, la literatura de la Región Piura es vasta y con una historia propia que atesora a importantes escritores en sus páginas. El conocido poeta Carlos Augusto Salaverry, ilustre representante del romancismo peruano en el siglo XIX, fue natural de La Solana, en el actual distrito de Lancones, provincia de Sullana, aunque a los cuatro años de edad su padre, el militar y presidente del Perú Felipe Santiago Salaverry, lo llevara a vivir a Lima. La historia resulta inversa con Enrique López Albújar, quien pese a haber nacido en Chiclayo se sintió el más oriundo de los piuranos, lo que argumentaba inclusive por escrito tal como declara en sus Memorias: “Soy de Piura, de una ciudad pomposamente radiante y blanca como una antigua ciudad griega…”. A estos nombres debemos incluir figuras más actuales como las de Francisco Vegas Seminario, Miguel Gutiérrez, Cronwell Jara Jiménez y Roger Santiváñez, quienes han configurado muy bien la cartografía escritural de esta Región.

Es posible, sin embargo, guardar hoy legítima esperanza respecto a la proyección y calidad de la literatura piurana. Narradores y poetas como Sigifredo Burneo, Alberto Alarcón, Armando Arteaga, Miguel Ángel Zapata, Luis Eduardo García, Houdini Guerrero, Dimas Arrieta, Cosme Saavedra, Jorge Tume Quiroga, Fabián Bruno y José Lalupú, entre muchísimos otros, erigen un edificio literario que ha comenzado a ser identificado desde diversos rincones del mapa nacional.

Por eso no es ninguna sorpresa conocer y hacer posible esta aproximación a Piura. Cuentos infantiles (Lima, 2009) que, igual que los libros análogos de la colección Biblioteca Perú Infantil, reúne el trabajo de diez narradores regionales. Los cuentos para niños aquí esperan ser presentados “cronológicamente, no desde los autores sino desde los lectores”, disponiendo primero cuentos en apariencia sencillos hasta los más exigentes. Pero tal decisión (expuesta en la contratapa del volumen) no la encontramos al internarnos en el contenido del conjunto. Creemos sinceramente que “El asno que voló a la luna” (Jara Jiménez) es una narración completa, acabada y que exige cierta perspicacia del pequeño lector para que comprenda en su real dimensión el mensaje planteado por el excelente vuelo imaginativo del autor; sin embargo, ha sido dispuesto a la entrada del libro como si se tratara del más simple.

Los organizadores de esta selección, los escritores Willy del Pozo y Harold Alva, plantean como derrotero estructural avanzar desde lo sencillo hasta lo intrincado. Obedeciendo este planteamiento, consideramos que el texto que debió abrir la muestra es “Historia de un árbol feliz” (Burneo), seguido de “Ánder, el pececito” (D’Garay) y después, por su brevedad, la leyenda “Y Dios creó al chilalo”  (Arrese). A partir de aquí, existe un grupo de textos de mediana dificultad como “Cubi” (Guerrero), “Tito Marchán, el mago” (Robles Prieto) y “El discurso de la historia” (Meza Chunga), coronados, ahora sí, por “El asno que voló a la luna”. De aquí en adelante, involucran una notoria presencia de sucesos reales (con sus respectivas cuotas de drama, misterio y humor, aparte de mayor extensión) historias como “Ña Pancha” (Tume), la excelente “Leyenda del chuque” (Alarcón) y la crónica o estampa (no cuento, a entender nuestro) “La malarrabia” (Arrieta).

Desde otra perspectiva, cabe anotar la presencia contundente de elementos de la naturaleza: la mayoría de historias involucra en su constitución a animales y plantas, ya sea desde una motivación educacional o buscando reforzar el plano fantástico de la construcción temática, con la ventajosa excepción, sin embargo, que en las dos leyendas incluidas en el conjunto confluyen ambas intenciones: la educacional y la fantástica.

El desbalance de los textos, no obstante, es patente a la hora de sopesar el conjunto desde niveles como el lingüístico, el técnico y el artístico. Se nota claramente cómo algunos escritores manejan muy bien su historia sin que esta decaiga en ninguno de los planos mencionados; mas no sucede lo mismo con otros que transparentan escasez de recursos idiomáticos, falta de verosimilitud y un alcance estético que se queda algunas veces en la buena intención. Esto ocurre con frecuencia en la narrativa infantil por la idea equivocada de que el niño no merece una lectura complicada; mas se confunde lo poco complicado con lo intrascendente, con lo impreciso, y  entonces empiezan los problemas.

Hay que tener cuidado siempre a la hora de elegir textos para niños, quienes son muy suspicaces y jamás se han manifestado públicamente reclamando cuentos de poca dificultad. Al contrario, mientras más les proporcionemos lecturas donde los niveles de comprensión, estimulación lingüística y atractivo estilístico alcanzan un considerable desarrollo, estaremos ofreciendo aquellos retos necesarios para su progreso intelectual; y si no les ocultamos los dramas de la vida, los conflictos que deberán enfrentar en su paso por el mundo, y con ello hacemos un oportuno contrapunto con textos festivos, divertidos y fantásticos, iniciaremos entonces la forja de personalidades plenas y robustecidas anímicamente.

El logro de este libro sería en todo caso (sobre la base de lo anotado al principio de este comentario) su intención de llevar al novel lector hacia los personajes, espacios y elementos culturales propios de su entorno. No hay mejor manera de estimular la lectura en los niños que poniéndolos ante aquello en lo que se identifique, y las dos leyendas consignadas en Piura. Cuentos infantiles están aquí muy bien dispuestas, lo mismo que la anécdota pueblerina trabajada acertadamente –por ejemplo– en textos como “Ña Pancha” o “La malarrabia”. Modismos propios del lugar, personajes que reconocemos rápidamente (por sus apellidos originarios) como verdaderos habitantes del norte peruano, o costumbres oriundas, constituyen referentes para estar seguros de que lo narrado tiene el sello de una región tan entrañable como Piura.

Para seguir el rastro de la literatura piurana con muestras similares a la que aquí comentamos, puede servirle muy bien al lector la presencia de libros análogos publicados por la misma editorial. Las selecciones Algarrobitos del arenal. Narrativa infantil piurana y Piura. Antología de narrativa piurana cierran transitoriamente el círculo del interés de Altazor por proyectarse en lo posible hacia la cultura literaria de esta Región, un espacio creativo que aún tiene mucho que ofrecer si tomamos en cuenta el excelente despegue (y despliegue) que muestra en estos días la literatura del interior peruano.


jueves, octubre 31, 2013

CIUDAD ACUARELA DE JOSÉ LALUPÚ VALLADOLID

Portada del libro

José Lalupú es un connotado artista, pero es en el campo de la narrativa donde se puede ver todo su talento y originalidad.
Este sábado 2 de noviembre en la 34 Feria del Libro Ricardo Palma se presenta Ciudad acuarela, su esperado libro de cuentos, editado por el sello Altazor. La cita es en el Auditorio Antonio Cisneros, a las 9 de la noche.
Aquí la contraportada del libro, escrita por el narrador español Héctor Gómez Navarro:
Un escritor consigue encontrar una palabra mágica, una palabra que tiene el poder de desencadenarlo todo. Un joven se enfrenta con los extraños visitantes de un antiguo cerro sagrado, sin saber si son seres de otro mundo o sus propios demonios internos. Un artista descubre, durante un accidentado viaje en autobús, la convulsa belleza del arte abstracto. Una adolescente puede “ver” a través de los objetos con solo tocarlos, y recuperar un pasado que a ella también la toca…

Estos y  otros fascinantes personajes habitan Ciudad acuarela. En su primer libro de cuentos, José Lalupú parece querer revelar los vasos comunicantes entre la poesía y la pintura, y construir un mundo en el que se citan el encanto y la nostalgia, el humor y el misterio. Con un talento arrollador y un estilo sugerente y expresivo, Ciudad acuarela es una serie de relatos brillante y fantástica.


BITÁCORA PÚRPURA: NUEVA ANTOLOGÍA DE NARRATIVA PIURANA

Portada del libro

Este sábado 2 de noviembre en la 34 Feria del Libro Ricardo Palma se presentará Bitácora púrpura, la nueva antología de los jóvenes narradores de la generación Estirpe Púrpura. Esta nueva entrega ha sido preparada por Fabián Bruno, bajo el sello editorial Altazor. La cita es en el Auditorio Antonio Cisneros, a las 9 de la noche. 

Aquí la contraportada del libro:

Los doce cuentos de Bitácora Púrpura están narrados con madurez narrativa. Escritos por igual número de escritores, hay en ellos precisión y frescura apasionada. Si bien todos los autores son de origen piurano, esto no quiere decir que la presencia de los personajes, dentro de los textos, no superen cualquier frontera. La brevedad y la pluralidad de formas, tiempos y situaciones hacen de estos cuentos toda una literatura que va más allá de la norteña y calurosa Piura. La poderosa imaginación y esmerada técnica de los cuentistas hacen de esta antología una colección de historias convincentes y seductoras que seguro quedarán clavadas en la memoria de los lectores.


martes, julio 30, 2013

Roy Virtú II

Roger Santiváñez

Hoy, martes 30 de julio, a horas 7.00 p.m., en los ambientes del Ex – Rectorado de la Universidad Nacional de Piura, se presenta el libro "Virtú" de Roger Santiváñez. ¡Somos poesía!

Un nuevo poema de Virtú, como adelanto:

Sea Isle / 3

Seda sonora silencio sólo sale
De ti en la oquedad de las olas
Una tras otra tersura tierna

Que en su fresco resonar admite
Voces apagadas un susurro del
Viento colmado de belleza femenina

Palabras inventadas por marea
Franca & la gaviota caminando
Solita en los concéntricos bordes

Se decide a volar & es hermosa
Sobre espumas serranas en su
Cumbre o en un velero que se va

Se va yendo se pierde en el
Cuadrado horizonte lo retumba
El fino atardecer lo va matando


William Guillén Padilla o la minificción en el Perú

Portada de "77+7 nanocuentos"


Las casas camino a la ciudad de Lima se erigen en variados espacios; desde arenales, hasta muy bien acomodados meridianos de cemento y gravilla. Pequeños poblados nos saludan con inocencia mientras el paso del ómnibus nos dibuja y acorta la distancia. Han puesto la misma película de todos los viajes: una melodramática que extasía la memoria y el cariño de las personas hasta convertirlas en un grupo informe de suspiros. La primera parada es Lima; luego vendrá otro viaje más largo: Ayacucho. Es la primera vez que voy a aquella ciudad que tanta historia reciente alberga y al mismo tiempo tanto silencio. Uno lee muchas cosas que recuerdan la violencia de los días pasados, donde solo absurdos pensamientos de un cambio a través de la sangre y el fuego, han dejado un país que teme y se siente desposeído de sus propios argumentos de paz. Pero el tiempo es distinto: la vida ha seguido un curso indefinido y necesario, para muchos mejor, pero que ha llevado nuestra solidaridad a convertirse en una burla, un individualismo vulgar. Es cotidiana nuestra ausencia.

Pero el motivo que me lleva a tierras lejanas es otro: un evento literario. El tema central, es muy peculiar, a pesar de ser esencialmente poético: “Vallejo y su libro ‘Contra el secreto profesional”. Peculiar porque abordar un texto de esa categoría, donde muchos se han empecinado solo a descubrir lo mismo en su poesía, invita a creer que estamos empezando a leer de otra manera lo escrito hace ya casi un siglo. No debería generarnos sorpresa esto. Recordemos los comentarios del común denominador de la época con la vanguardia que surgió en el Perú cuando prevalecía en aquellos tiempos los empalagosos rezagos del modernismo: solo buscaron desacreditar la vitalidad de lo que se empezaba a germinar en nuestro país tan vedado siempre al arte en general. Y sucede que este libro, ‘Contra el secreto profesional’, ya almacenaba, casi como un respiro futuro, una de las variantes narrativas más complejas de la actualidad: la minificción, aunque no concebida desde los manifiestos teóricos que ahora se utilizan para diversificarla con cautela, pero que ya marcaba una nueva etapa en la experimentación literaria de principios de siglo XX. Hay virtud en esto.

Georgette de Vallejo manifiesta que los borradores de este libro se dieron en la década comprendida entre 1920-1930, aunque recién vieron la luz en 1973, editado por Mosca Azul Editores. Es decir, lo que profundizaron literariamente Monterroso, Cortázar, e incluso Borges y Casares con la publicación en 1953 de ‘Cuentos breves y extraordinarios’, ya había sido revisado muchas décadas antes por Vallejo, como ha sucedido con toda su obra literaria, adelantada siempre a las convencionalidades de la época. Si bien la minificción ha sufrido una evolución apresurada (se habla ahora de microcuentos, microrrelatos, micronovelas, microteatro, etc.), esta se ha fortalecido enormemente por la convicción de autores y grupos literarios que han apostado por esta variante, hasta convertirla con seriedad en una nueva fórmula narrativa. Y el Perú, desde Vallejo, ha manifestado una elocuente gama de narradores; prueba de ello, en el 2012 se publicó la monumental ‘Circo de pulgas. Antología de la minificción peruana’, elaborada por Rony Vásquez Guevara, brillante conocedor del tema y propulsor de esta especie literaria desde su revista ‘Plesiosaurio’. Dentro de ella se cita a innumerables narradores, noveles y con trayectoria, los cuales viene trabajando con tesón sus perspectivas en este campo. Uno de los que más destaca, tanto por su peculiar forma de narrar como por su compromiso con la minificción, es William Guillén Padilla. Que se entienda esto de compromiso no como una obligación artística, sino como el interés de un autor por dejar en claro la vitalidad y fortaleza de lo que escribe.

Pocos son los autores que han apostado tanto por los textos breves. Muchos han sobrevivido solo a la publicación de un libro o dos, y luego abordado diversos espacios ajenos a la narrativa ‘hipercorta’. Ya sea la agilidad de nuestros días o la versatilidad de lecturas que buscamos para no aburrir, pero los microcuentistas, a pesar de ahora ser muchos, no es constante; es decir, no persisten. Guillén Padilla puede preciarse de ello. Sin ser ajeno a los demás géneros literarios (ha publicado poemarios, abordado la cuentística en extensión, proyectos futuros de novelas), se ha encaminado por la publicación de varios libros con textos breves, y algunos de ellos son ya un clásico enciclopédico: ‘Cuaderno de almanaquero’ (2011) es sin duda el mayor proyecto realizado en el campo del microcuento. Esta obra recoge una microficción por cada día del año, con su bisiesto y feriados, utilizando como eje principal los nombres de todos aquellos que aparecen en el calendario cotidiano: un ‘bristol’ moderno. ‘Lo que yo barman oí’ es otra joyita: imaginemos todas las historias que escucha en lo nocturno esta persona que atiende a parroquianos de todo tipo: bohemios, personas engañadas que buscan liberarse, enamoradores compulsivos, etc. Pero este personaje es solo un pretexto: lo principal son las situaciones que desbordan nuestra imaginación. Algunas de ellas sobrenaturales, otras ilógicas, pero siempre con esa lectura ágil y atrayente. Como el autor mismo menciona ‘no es una apología a la bebida’; el autor sale muy bien librado de ello. Con ‘77+7 nanocuentos’ hace un vuelco y fusiona dos especies narrativas: por un lado compila 77 microcuentos de diversas temáticas y le agrega 7 cuentos que podríamos denominar ‘comunes’ por la extensión. Aunque no es la primera vez que logra esta fusión (ya la había realizado al unir la poesía de ‘Planetario astral’, con la narrativa de ‘Actos y relatos’; editados en un formato que recuerda los textos de ‘Cara & Cruz’ de Ediciones Norma), ya auguraba que la narrativa no le era nada ajena. Nos ha confirmado su elocuencia literaria con la publicación de ‘Retorno en tiempo real y siete cuentos más’ (Arsam, 2013), libro que reúne un conjunto de muy buenos textos, algunos de ellos finalistas del Premio Internacional Copé de Cuento. En esta nueva entrega de Guillén Padilla uno queda embelesado con el cuento ‘Los amantes’, donde uno de los personajes, una mujer impasible que arroja al tacho de la basura los escritos que considera ‘malos’ del esposo, nos recuerda a todos los que escribimos esas virtudes odiosas que llegan a tener los editores. Con ‘Historia de Noela’ y ‘Eterno amor’, ambos con temáticas y tramas muy distintas, pero con el fantasma de la violencia subversiva entre sus líneas, el autor nos invita a conocer un poco más de nuestra historia reciente para poder creer hasta dónde llegaron las circunstancias y personas con sus acciones en medio de esta guerra infinita y devastadora. ‘La maldición de los pájaros’ es un llamado a nuestra infancia y critica aquella inconciencia que solo busca soluciones sin medir las consecuencias. Un libro maduro y que demuestra la buena narrativa de este autor.

La narrativa peruana está con buen auge, y con William Guillén Padilla, en cualquiera de sus variantes’, se fortalece aún más los criterios del arte que busca persistir.

Palabras para Diario de batalla, de Jack Flores

Jack Flores

Como a casi la mayoría de mis amigos escritores en Lima, no recuerdo bien cómo conocí a Jack Flores, creo que fue de entre aquel grupo de luminosos nictálopes que consuetudinariamente nos encontramos los viernes en Don Lucho, el hermoso bar con la vieja rockola del Jirón Quilca, en el centro de la ciudad; o tal me lo presentó alguien, quizá el narrador Carlos Rengifo, alguna media tarde de farra luego de una presentación literaria similar a esta; la verdad, no estoy seguro ahora; pero de lo que sí puedo dar fe, es que a Jack Flores, esforzado creador de mundos literarios, peleador callejero de la palabra, fabulador incorregible, lo he encontrado siempre entre el grueso de escritores que acabamos la suela de los zapatos recorriendo mundo por remotas tierras del Perú.

El texto de la solapa de este libro dice a la letra: “Viajero constante”; y lo recalca más abajo: “Ha recorrido el país de palmo a palmo participando en distintos eventos literarios”. Yo doy fe de ello. A mí me consta. Siento que a Jack Flores solo hay que avisarle que la cosa (literaria) es en Andahuaylas, en Huaral, en Huancayo, en Tingo María… o en Puno, y él no lo piensa dos veces: se va hasta cualquier latitud del país para hacer conocer su literatura, aquella narrativa suya posicionada no solo en experiencias propias, en sus reflexiones constantes o en sus puntos de vista acerca de la realidad peruana; sino también aquella literatura que tiene mucho de su personalidad, de su lectura crítica sobre el ser humano, de su sentido del humor que a veces pareciera pesimista, negro; y que, sin embargo, no deja de estar presente como una constante, como un ave que surca el cielo de las páginas de sus libros con mirada perspicaz, o como una de aquellas avionetas que fumigan los campos de cultivo cubriéndolos con el especial color de su temperamento.

Porque en su forma singular de narrar siempre está él. Sino quién puede negar que en aquel cuento “Piensa, piensa…” de su primer libro, Lecciones para un suicida, el protagonista no es el propio Jack autocalificándose en la voz de una abuela que funciona a la manera de su propia conciencia; o díganme sino si uno de los buscadores de la casa de José María Arguedas, en el libro y cuento que llevan el mismo nombre (La casa de Arguedas) no es el mero Jack Flores, situándonos en una de sus facetas, la del viajero curioso, inquisidor, censor de la idiosincrasia del peruano recorriendo con empeño una de nuestras localidades andinas.

Por eso ahora que he leído Diario de batalla, creo haberlo encontrado nuevamente. En este caso llega al lector con el nombre ficticio de Joaquín, un muchacho egresado de la secundaria que se dedica el día entero a atender un locutorio de Internet y de llamadas teléfonicas, a la vez que se entretiene mirando videos de estrategias militares en las batallas más conocidas de la historia mundial. Y junto a ello, un elemento que hace más interesante la trama: su fijación por Fiorella, una hermosa vecinita que llega siempre por su establecimiento a requerir servicio de llamadas.

A partir de aquí, Jack Flores desarrolla una entretenida mirada de la realidad juvenil desde la propia conciencia de un joven limeño; para ello, ha utilizado la técnica del diario, ese documento íntimo que cuando lo lleva un joven, se vuelve dinamita entre sus manos debido a que la adolescencia, la juventud, es la edad de los descubrimientos, del nacimiento de las preferecnias, del enamoramiento, del punto de partida de las importantes decisiones en la vida y, por supuesto, de la rebeldía, de los primeros conflictos personales… en suma, de esa batalla que es la vida y que a Joaquín, por qué no, le gusta vislumbrarla desde su condición de espectador de estrategias militares por Internet.

Pero Diario de batalla es también el título alegórico para aquella lucha aún más específica que libra contra los miembros de su familia: sus padres, sus hermanos Milena y Galván, y su sobrina Mileidy, quienes se oponen a su repentina decisión de alistarse en el servicio militar obligatorio. He aquí el conflicto completo para una historia llevadera, fluida, festiva, pero llena de ese cúmulo de reflexiones y puntos de vista que envuelven a todo joven peruano cuando se encuentra frente a las primeras, difíciles y grandes decisiones de la existencia.

Joaquín, por fortuna, tiene el respaldo de los amigos (en especial de Joan, quien es un verdadero confidente), de su núcleo familiar, del florecido sentimiento hacia Fiorella, del entorno vecinal y de sus preferencias estéticas (escucha música del recuerdo y lee buena poesía) para desarrollar una opinión que lo convierte en un muchacho seguro de lo que quiere, pese a que no deja de enterarse que la vida es siempre un misterio, una caja de contigencias de la que nunca se puede esperar nada seguro, tal como lo descubre a veces cuando se ve obligado a escuchar conversaciones telefónicas ajenas de sus clientes.

No obstante, él está siempre presente, haciéndose carne en estas páginas para contarnos un episodio de su vida en este diario que abrimos con curiosidad y gracias a cuyo lenguaje coloquial nos convertimos en cómplices de sus angustias, anhelos, alegrías, inseguridades y cavilaciones.

Estoy seguro que, de tratarse de un lector joven, este se encontrará en Diario de batalla reflejado perfectamente como ante ese espejo de nuestros días que Jack Flores ha sabido pulir y ofrecer esta vez en forma de libro. Porque es también cierto que en mucho de este Joaquín se encuentra el karma del autor, como adelanté al principio. Yo leo a Joaquín, y me parece escuchar la expresión irónica de Jack cuando nos envolvemos en alguna conversación cotidiana.


Sea bienvenida esta nueva entrega de Jack Flores y le agradezco por permitirme este redescubrimiento permanente con su espíritu humano y creador cada vez que me aproximo a una nueva producción suya. 

martes, mayo 07, 2013

Los asesinos de Banchero & El grimorio escondido

Ricardo Ayllón

Portada de "Los asesinos de Banchero"

“Los asesinos de Banchero”, de Ludovico Cáceres Flor

La violenta muerte de Luis Banchero Rossi, un asesinato que marcó los primeros años de la pasada década del 70, dejó en nuestra ciudadanía una gran sensación de impotencia no solo porque se trató de la repentina y temprana desaparición del empresario peruano más importante de su tiempo, sino también por el enmarañado misterio tejido a su alrededor, originando grandes interrogantes respecto a quiénes fueron sus verdaderos asesinos, qué poderosos motivos se escondían detrás de su homicidio, y cuánto de provecho político, económico y personal obtenían quienes lo maquinaron.

Ludovico Cáceres Flor (Huaraz, 1963), quien ha resuelto fijar los contenidos de su narrativa en sucesos policiales que en su momento motivaron categóricas primeras planas, vuelve a la carga con su gran olfato periodístico para novelar aquel importante capítulo de la criminalidad peruana.

Con personajes que sustentan una trama plausible y sugerente, “Los asesinos de Banchero”(Etiqueta azul, 2013)nos recuerda que la narrativa literaria es toda una aventura creativa a la hora de trazar como tema un episodio de la vida real, sobre todo entre quienes sabemos que este asesinato laceró notoriamente la delicada sensibilidad del pueblo peruano.


Portada de "El grimorio escondido"

"El grimorio escondido”, de José Falconí Oliva

En la Lima actual, un misterioso manuscrito de tiempos del Virreinato ha sido hallado y, tras la urgencia de su interpretación, se perpetra más de un violento homicidio. Con mano hábil y desenvuelta, José Falconí Oliva (Lima, 1968) nos ofrece una novela policial donde la tensión del hilo narrativo, la minuciosidad del dato histórico y la transparencia expresiva constituyen todo un acierto estilístico y verbal.

“El grimorio escondido”(Ornitorrinco, 2013) tiene como protagonista al doctor Alex Méndel, conductor de un programa radial de temas sobrenaturales, policía, antropólogo y médico forense, quien, debido a su gran curiosidad, se ve envuelto en una palpitante trama cuyos peligros se ciernen cada vez más sobre él. Periodistas, paleógrafos y cazafortunas marcan también el ritmo de este magnífico relato que nos llevará a descubrir cuánto de mentira y de verdad hay tras las leyendas urbanas tejidas por el ingenio popular.

Esta es la ópera prima de Falconí Oliva, quien es comunicador audiovisual. Actualmente reside en EEUU, donde colabora en semanarios hispanos de Washington DC y Baltimore (Maryland), dicta charlas de iconografía y realiza adaptaciones radiofónicas.

viernes, mayo 03, 2013

El oráculo de Diofanto & Bajo las arenas del olvido


Ricardo Ayllón

Portada de "El oráculo de Diofanto"

“El oráculo de Diofanto”, de Gerson Ramírez Ávila

De entre las nuevas generaciones de narradores liberteños, Gerson Ramírez Ávila (Laredo, 1969) aparece la década pasada con dos libros de cuentos: “Los intrusos” (2004) y “Cenaremos en Madrid” (2009), que anuncian ya una profunda seriedad creativa.

La novela “El oráculo de Diofanto” (Bracamoros, 2012) nos pone frente a la certeza de este anuncio, manifestando un gran cuidado en la concepción de los personajes, en la inserción de los acontecimientos y, por la forma en que se definen los espacios, quizá cierto rasgo autobiográfico.

Diofanto es un bibliotecario, periodista por afición y poeta, decidido a cambiarse de nombre, determinación que origina en él una sugestiva carga de reflexiones, y que coincide con el arribo de algunas mujeres en su vida, alterando su ruta emocional. La forma en que ocurren los hechos crea un ritmo en apariencia lento, propio de la atmósfera provinciana, y, sin embargo, intenso en la secuencia de acciones, reacciones y  actitudes humanas (en los personajes femeninos, principalmente).

Sin duda, un prometedor ingreso de Ramírez en la narración de largo aliento.

Portada de "Bajo las arenas del olvido"

“Bajo las arenas del olvido”, de Pablo Moreno Valverde

En el actual proceso de la literatura chimbotana, el nombre de Pablo Moreno Valverde (Quiruvilca, 1976) empieza a hacerse visible gracias a sus recientes entregas poéticas “Tras el cristal” y “La última morada del silencio”, ambas del año 2011. Para engrosar esta lista, llega “Bajo las arenas del olvido” (Ornitorrinco, 2013), cuento con que Moreno Valverde obtuviera el año pasado el Primer Premio en el I° Concurso de Narrativa Breve “El quehacer de la Iglesia local y la Defensa de los Derechos Humanos”.

En palabras del narrador ayacuchano Sócrates Zuzunaga Huaita, “‘Bajo las arenas del olvido’ es un estupendo relato que maneja la tensión a un ritmo sostenido y concluye con un final que –no por previsible– deja de ser inquietante”.

Se trata, en resumen, de un cuento breve que aborda el tema de las desapariciones forzadas en tiempos de la reciente guerra interna. Con ciertos grados de surrealismo y un manejo técnico muy natural (donde aparecen diversas voces para ofrecer su propia versión de una historia similar), el autor no deja de ser ajeno al espinoso devenir de la realidad peruana.

jueves, mayo 02, 2013

La violenta historia reciente

Portada de libro

Miguel Ángel Hernández Sandoval

Al Perú de los noventa nadie quería venir y muchas familias querían irse, pues la violencia terrorista y la crisis moral y económica habían debilitado todos los poderes del Estado. La democracia estaba hecha jirones y el caos era generalizado. Esto lo sabemos muy bien los peruanos que no nos fuimos y que tenemos más de 30 años. Albatros (publicada por Lengua de Trapo en 2013 y Premio Alfonso el Magnánimo de Narrativa en Castellano 2012) es una novela que trata sobre la violencia política en el Perú, y de lo que esta genera, en los primeros años del gobierno de facto de Alberto Fujimori. Aborda, además, el tema de la migración y de las esperanzas que se tenían en dicho gobierno, de lo que realmente fue, y de cómo le tocó vivir esto a las personas de a pie de los sectores marginales de aquella Lima convulsionada.

El autor José Luis Torres Vitolas (Lima, 1971), ingeniero industrial y magíster en literatura hispanoamericana, cuenta en cada uno de los seis capítulos en que está dividida la novela, siete historias muy medidas pero diferentes entre sí, tanto en el uso de las técnicas y recursos literarios específicos como en la estrategia para contar los hechos y afrontar el paso del tiempo. Para cada una de ellas emplea desde diálogos superpuestos (los llamados “vasos comunicantes”) hasta grandes saltos en el tiempo, pues la historia principal es una conversación que se produce en 2010. Pero si bien existen algunos problemas de precisión con el empleo del lenguaje, es gracias al interés de la trama y al dinamismo de la narración que Albatros resulta ser una novela recomendable, para leerla de manera muy atenta, y así no perderse pasajes y frases pronunciadas por unos y por otros, porque no sabemos quiénes hablan y cuándo lo hacen.

La narración, que es como un ejercicio de construcción y desconstrucción histórica, está centrada en un grupo de jóvenes provincianos cuyas familias, huyendo de la guerra interna, migran a los más populosos distritos limeños. Pero aquí solo encuentran más violencia (tanto de los subversivos de Sendero Luminoso como de los comandos paramilitares).  Por ejemplo, uno de los personajes resume bien esta idea cuando dice: “Si tú y yo desaparecemos, no pasa nada. Aquí nadie, en Santa Inés, significa algo (…) Todos estamos contra la pared, esperando la bala. De Sendero o del Ejército”.

Esos jóvenes protagonistas también se encuentran con una gran crisis (el shock económico de 1990), la corrupción imperante entre todas las autoridades y hasta una epidemia de cólera. Las cosas no solo iban mal sino que pintaban para peor. El Perú estaba desvalorado y la gente quería huir (entre 1990 y el 2005 cerca de 1,7 millones de peruanos se fueron a vivir al exterior). En ese difícil contexto, las historias de estos jóvenes siguen caminos muy diferentes, que los llevan incluso a enfrentarse y matarse entre ellos, en algunos de los episodios más intensos de la novela.

Torres Vitolas, siguiendo la tradición de las grandes novelas políticas latinoamericanas, reconstruye en Albatros (nombre de la librería donde se encuentran el excapitán Sergio Castillo y el Cucaracha, antiguos integrantes de un comando de ejecución del Ejército) esa época negra de los años noventa. Una novela que todo peruano debe leer, unos para –de manera ficticia y novelesca- refrescar la memoria y otros, los más jóvenes, para enterarse de lo que pasó en ese periodo de envilecimiento colectivo que padeció el Perú bajo el fujimorista régimen de terror y miedo.